De las funciones de Navidad en los colegios y la protección de datos

Esta semana he acudido a un par de funciones de esas que los niños representan en los colegios por estas fechas y no he podido evitar acordarme de aquello que ya comentaba, hace unos meses, el compañero David González Calleja en su blog sobre la problemática en torno a la captación de imágenes de menores en los centros educativos, y es que allí parecía haber más cámaras de fotos y vídeos a todo rendimiento que personas viendo la función.

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Por supuesto el propio colegio también la grababa y tomaba fotografías y queda claro que, al ser la imagen un dato de carácter personal, aquél tiene que cumplir la normativa sobre protección de datos y en concreto en lo que respecta a menores de edad. En este sentido David comenta en su post las dificultades que se pueden encontrar los centros, sobre todo si dan con la oposición frontal de unos padres a que se grabe a sus hijos, y a su texto me remito.

Lo que yo pretendo aquí es, al margen de la normativa, de un lado poner este tipo de situaciones en relación con dos conceptos que últimamente me rondan mucho por la cabeza en lo que a privacidad se refiere: lo socialmente aceptado y la expectativa razonable, y de otro lado distinguir entre dos fases: una primera de captación de las imágenes y otra segunda del posterior uso o tratamiento de las mismas.

Observo que, cada vez con mayor frecuencia, los padres esperan y desean que el colegio de sus hijos les ofrezca este tipo de “servicios añadidos”. Lo raro sería que no lo hicieran. Es extraño que se produzcan casos como el que comenta David en su blog, pero habría que ver cuántos padres protestarían si de pronto el cole les comunicara que este año no va a haber ni vídeo ni fotos oficiales. O quizá a nadie le importara, total cada padre, tío y abuelo va provisto de sus propias “armas de captación masiva”. Pero a lo que voy es a que hoy en día estas prácticas de los centros educativos se ven como normales y habituales por la inmensa mayoría, no ya sólo en Navidad sino en cualquier otro evento de similar envergadura (fiestas de la localidad, semana de la solidaridad, excursión al museo de ciencia de la ciudad, etc.).  Podríamos decir, por tanto, que son actuaciones socialmente esperadas (en el sentido de que a la inmensa mayoría no les sorprende, al menos no negativamente) y aceptadas.

El punto más sensible, en mi opinión, viene a la hora de utilizar posteriormente esas imágenes, y aquí es donde podría haber algo más de disparidad en cuanto a lo que se espera y se acepta que se haga con ese material. Habrá padres que vean normal que el colegio publique las fotos y el vídeo en su página web en abierto y los comparta a través de sus redes sociales, otros en cambio pueden rechazar ese uso pero estar conformes con que se publiquen en la zona privada de la web y otros que prefieran que se facilite exclusivamente a los padres y mediante CD o DVD, etc.

En conclusión, y lo digo a modo de reflexión y pregunta (me encantaría que comentaran no sólo compañeros, sino también padres): quizá deberíamos plantearnos que el uso legítimo estará dentro de lo mínimo que socialmente se espere y acepte que se haga con esas imágenes. Soy consciente del problema que plantea la ambigüedad de estos conceptos, pero también de lo absurdo de negar la realidad de nuestros tiempos, y es que ¿de qué le serviría a un padre impedir que la escuela de sus hijos grabe la función de Navidad en la que éstos participan, si los padres, tíos y primos de los demás niños de la clase lo graban y fotografían y después lo comparten, con vaya usted a saber quién, en Facebook?

Por cierto, buenas fiestas y feliz 2013 a todos.

Emprender en la abogacía

Ayer Lawyerpress publicaba un artículo mío de colaboración sobre el emprendimiento en la abogacía. Como no me considero experta en la materia, creí más conveniente comentar algunas cuestiones que, por mi experiencia personal, considero que es mejor evitar a la hora de dirigir o gestionar un despacho de abogados. A quien le interese el tema puede leerlo aquí. Espero que guste.